I.
...el techo estaba inexplicablemente manchado de un color carmesí, que me hacía perder un poco la paciencia.
Pensar en ese color me puso intranquilo. Observé la mancha por poco tiempo (?) pero no logré sacarla de mi cabeza. Soy un esclavo de la intriga. Mi preocupación surge, creo, por el hecho de que la mancha parece cuestionar mi autoridad sobre el orden en mi cuarto. Cinco minutos (00:04:57) más de pensar en la mancha y decido, pues, terminar mi ensayo. Es para mañana.
Ya había pasado unas horas en ello, llevo apenas unas tres hojas y el mínimo es doce. Siento que el tiempo transcurre lentamente y yo sigo sin despegarme de la silla de caoba que perteneció al abuelo Humberto.
El abuelo fue algo-así-como un general que nació por los años veinte o treinta. Para él, papá resultó un vago que corrió con suerte de embarazar a la boba de Aranza, una muchacha con dinero y pocos planes de ser madre.
Humberto siempre se quejaba de mamá y por eso lo sacaron de la casa cuando envejeció. Un tiempo después murió. Fuimos al funeral y sorprendentemente el abuelo no nos dejó nada más que su silla de caoba.
Doy un bostezo y sin pararme de la silla agarro un vaso, con jugo, en el librero junto al escritorio.
El viejo fue bastante miserable; se pasaba las tardes sentado en su silla de caoba en la sala leyendo. Estoy seguro que si algo apreció el abuelo en esta vida, fue esa silla.
Para mí, no es muy claro el origen del fanatismo de Humberto a la silla, pero papá dice que es porque allí pasó sus últimos momentos la abuela Penélope.
Penélope no amó a Humberto, según papá, ya que él era aburrido y ella tenía otros planes (papá no habla mucho de esto), pero murió joven. Creo que el hecho de que al abuelo le quitaran a Penélope hizo que él tratara a la silla como otro miembro de la familia (al menos mejor que a mamá).
II.
El ensayo está muy complicado, no sé que poner y para colmo creo que la mancha se ha hecho más grande. Maldita mancha. Me convenzo de que tiene forma de perro cuando en eso entra Mauricio al cuarto y me pregunta si no he visto su camisa de rayas. Le digo que no y que la busque en los cajones.
Me pide ayuda y entonces es cuando me percato de que no puedo levantarme.
Forcejeo y me ve raro:
¿Qué te pasa? pregunta.
Estoy pegado a la silla, imbécil quiero decirle, pero me limito a hacer una cara de extrañeza y le digo que no me puedo levantar porque estoy pegado, el me voltea a ver y con un tono más amable, me dice:
Voy a usar la camisa en una fiesta.
Genial le digo, y lo miro a los ojos como diciéndole que es un pendejo .
Está bien, si no quieres ayudarme no te obligo, pero no me vengas con esas mamadas de estar pegado a una silla. No entiendo porque siempre tienen que darle importancia a las sillas en esta casa hizo un silencio (creo que porque irónicamente se dio cuenta que, esta vez gracias a él, una vez más la silla cobraba protagonismo) .
Ahí te ves, pendejo dijo y se fue malhumorado.
Mauricio es un pesado y sólo me habla cuando quiere algo. Es un poco como Paula, su novia.
Tomé un poco más de jugo e intenté despegarme por un buen rato de la silla. Sin conseguirlo.
Mientras, la mancha seguía viéndome desde arriba. Intercambiamos miradas, por así decirlo, y fue entonces cuando reconocí el por qué me desagradaba. No tengo nada en contra de las manchas, pero aquella pecaba por su forma.
Para empezar, el tamaño: No era ni suficientemente grande ni suficientemente pequeña. Además terminaba en picos y las manchas que me gustan parecen más como gotas esparcidas. Era enserio desagradable.
Me decidí a limpiarla y busqué algún papel inútil en el cajón del escritorio.
Ya resignado de despegarme de la silla, pensé que podría levantarme con todo y ella, cuando me percaté de que no sólo yo estaba pegado a la silla, sino, que ambos estabamos pegados al piso. Lo cual no me dejaba siquiera pensar en alcanzar a mi ahora némesis, que seguía observándome desde el techo.
Resolví que no podría escapar sin ayuda, pensé en Mauricio pero recordé que estaba cabreado conmigo y que no podría obtener su ayuda sin una disculpa. Y no me disculparía porque es un idiota.
Pensé un momento y como mis padres no están aquí, me decidí llamar a mi segunda opción: Pit.
III.
Pit es un amigo de la escuela con el que siempre salgo, se podría decir que es mi mejor amigo pero nunca he pensado mucho sobre ello, Pit es su nombre y no su apodo, el dice que es un nombre judío (yo creo que es una falla en el registro civil).
Para mi suerte el teléfono está junto al escritorio y llego sin problema. Enseguida le marqué y comenzó el protocolo:
¿Bueno? dije mecánicamente.
¿Si, quién habla? era una voz de mujer, la hermanita de Pit.
¿Sofía? ¿eres tú, soy Omar, está Pit? me puse algo nervioso, idiota.
No, Pit está en la playa. dijo apresuradamente. (¡Canalla Pit!, necesito tu ayuda y tú bebiéndote la vida.)
¿Está todo bien, necesitas ayuda con algo?, suenas preocupado interrumpió mi pensamiento (mi silencio).
Si
no, bueno, no.
¿Qué pasa? Que Sofía me pregunte algo así
¿es interés o lástima?
Me he quedado pegado a una silla y buscaba a Pit para que me ayudara, pero ya que no está, ¿podrías venir tú y despegarme?
Sí sí, si claro. Como eso va a pasar.
En realidad le dije que sólo quería pedirle unos deberes, me despedí y colgué.
Pese al tono carmesí de la situación, no perdí la calma.
Mauricio no me hará caso, Pit no está disponible y me da pena hablar con Sofía [sic]. Soy más miserable que el abuelo Humberto y las sillas dominan nuestro entorno. Pensé entonces que el abuelo seguramente pasó por un escenario similar al que me encuentro, y aprendió a respetar a la silla.
Sabía que yo no podría hacerlo porque una silla, aunque estúpida, notaría mis intenciones. Decidí continuar mi ensayo. No había avanzado nada desde que noté la mancha. La puta mancha.
Logré escribir una hoja más pero no lograba dejar de pensar en ella. Puse un disco de Fobia para distraerme. Cuando escucho Fobia en la escuela, Pit me dice que es para maricones y que debería escuchar más metal. Yo le digo que chingueasumadre y le subo.
Intentaba distraerme en la música; (sonaba corazón en caracol) cuando la mancha me provocó una vez más. Debía ser una broma. La mancha empezó a gotear. Encima de mí.
Ya había pasado tiempo desde que le hablé a Pit, así que lo volví a intentar pero no conseguí respuesta. Le hablaré al rato me dije, no muy seguro de si en realidad buscaba la ayuda de Pit o esperaba que Sofía contestara.
La mancha cada vez era más grande, ya había dejado de parecer un perro, ahora tenía forma de botella. La miré sin hablarle, con esperanza de que entendiera que no lograría que le mostrase debilidad. No funcionó. Me hice pendejo y seguí con mí tarea.
IV.
Pasaron horas de esfuerzo y humillación, hasta que terminé el ensayo.
Justo al momento de poner el último punto en el escrito, la mancha se detuvo, lo cual hizo que le volviera a mirar, sólo para notar lo grande que estaba. Ya no me parecía tan repulsiva, pero sus ángulos todavía me molestaban.
La silla por su parte, no parecía querer ceder. Pero no conseguiría la victoria. Victoria, victoriana.
La silla es victoriana, algo grande y medio incómoda. Tiene un águila dorada en la punta del respaldo y flores de Liz decoraban lo demás. Las patas parecen raíces onduladas y el asiento es plano.
Tomé el último sorbo de jugo que quedaba estaba caliente- y pensé en como mis ojos se cerraban y no había logrado levantarme. Abrí los ojos. Tal vez si logro aguantar más tiempo, la silla se canse y se duerma, o al menos no me sujete tan fuerte. De repente sentí ganas de ir al baño. Rayos. No había pensado en eso. Intenté con todas mis fuerzas escapar. Fallé de nuevo.
Miré el reloj de mano y advertí que apenas eran las nueve de la noche.
Pit ya debía haber regresado de la playa, así que hablarle no estaría mal.
Agarré el teléfono y volví a marcar: Nueve, nueve, nueve, uno, dos, siete, dos, nueve, seis, cuatro. Sonó tres veces y otra vez, Sofía contestó:
¿Bueno?
¿Hola, está Pit?, soy Omar.
Ah, hola Omar. Claro, Pit ya regresó, enseguida contesta escuché que gritaban su nombre y que por qué no contestas tu celular, y luego la voz de Pit que me saludaba:
Qué onda dijo.
Güey, ¿dónde estabas? Te estuve hablando y no contestas le dije, un tanto sobresaltado.
En la playa, mamá me dijo el maldito ¿todo bien?
No. Nada bien, estoy pegado a una silla y no me puedo mover le dije. Naturalmente, ya que Pit es como un gato, vendrá enseguida.
No te entiendo. Pero igual voy, total no es tan tarde. Nos vemos en digamos, ¿cinco minutos?
Vas. Nos vemos, bai.
Cinco minutos después (00:04:57), Pit estaba parado en mi puerta.
Genial me dije.
Por suerte mi ventana da a la calle y le grité que no podía abrirle y que agarrara las llaves en ya-sabe-donde (la maceta de atrás). No tardó mucho y Pit ya estaba en mi cuarto observando la situación. La mancha sobre todo.
Esto está jodido exclamó brillantemente.
Así es, y no sé como hacerle para salir. ¿Qué puedo hacer Pit?
Pues, podríamos romper la silla.
¿Y si limpias la mancha? en realidad quería pedirle que trajera un vasito para que pudiera orinar, pero me resulta humillante pensarlo siquiera.
Ni madres. No sabes que es eso y no porque tu pelo esté lleno de ese líquido lo voy a tocar.
Eres una nena.
No lo voy a tocar. noté que hablaba enserio, así que no le insistí.
Tal vez son fantasmas, un poltergeist o algo así, ¿no? dijo intranquilo.
No, porque esas cosas no existen.
Pues yo no sé
si no es eso, ¿entonces qué es?
No sabia responderle, la verdad es que quedarme pegado en una silla no es algo que me ocurra a menudo; así que le dije que no se saliera con pendejadas, y que mejor me trajera algo de comer que moría de hambre.
Regresó con un sándwich de crema de maní y me dijo que si había logrado hacer el ensayo. Le mentí que lo terminé ayer y que pan comido. Me dijo que era un presumido. Sonreí. Me vio con cara de enojado, me dijo mamón; se sentó en la ventana y empezó a fumar. Siguió un silencio incómodo que se prolongó hasta que sonaron las campanillas de un reloj en el primer piso de la casa. En todo ese tiempo yo sólo estuve pensando en una idea: Sofía.
Queridísimo Pit, si supieras que me muero por tu hermana.
V.
En eso llegaron papá y mamá (escuché el portón automático), acompañados de más voces. Intrigado, me estiré hasta que pude ver a los visitantes e informé a Pit:
Es Sofía, con tu mamá. Están entrando a la casa.
Pit se alarmó y lanzó el cigarro encendido por ahí (desconsiderado). En su casa nadie sabe que él fuma. En mi casa no importa si fuman mis amigos, pero si fumo yo es otra historia.
No mames, me tengo que ir dijo con pánico, que se me contagió como si a mi fuera a quién regañarían.
Le señalé la única ruta de escape (la ventana de mi cuarto) y antes de que saltara intercambiamos miradas y exclamé:
¿Le puedo llegar a tu hermanita? No le di tiempo de responderme mas que con una cara de mono (de mono idiota) y le empujé fuera. Intentaba encender el ventilador con esperanza de que el humo no delatara a mi amigo, pero no lo logré gracias a la silla. En eso entró Sofía:
Hola ¿Y Pit?
No está, ya se fue, no sé a donde, creo que a tu casa, hola tenía que pensar rápidamente en algo para hacer que ella se quedara más tiempo, ya que ni siquiera podía perseguirla. Tenía que ocurrírseme algo que lograse llamar su atención pero no lograba pensar de que hablar con ella. Tenía mucho calor, creo que me abochornaba mi cuarto casi completamente cerrado y el humo del cigarro.
Dije:
¿No tienes calor? Hablar del clima siempre es una señal de falta de tema.
Pues un poco.
Reparé que lo único que podría mantenerla interesada sería decirle algo como:
Estoy pegado a la silla Me vio raro y se empezó a reír. Me sentí un tonto.
¿Es enserio? Me preguntó animada. Asentí y me tomó de las manos para levantarme, sin conseguirlo.
¡Vaya! exclamó ¿y desde hace cuánto (no te han dado ganas de ir al baño)?
Desde hace unas horas (y si) seguíamos con los dedos entrelazados.
Esto enserio es grave, Omar ¿voy a avisarle a tus papás? más calor.
No. Mejor quédate me vio y comprendí que me tenía lástima. No era tan malo estar pegado en una silla (pensándolo bien es patético).
¿Y qué harás, te quedarás así para siempre? Exagera, claro que no voy a quedarme para siempre; es totalmente irracional pensar que me quedaré eternamente atorado, para siempre es mucho tiempo, moriré antes.
No sé es lindo que se preocupe. Ella siguió hablando (ahora sobre la mancha) aunque yo no le prestaba atención. El calor aumentaba cada vez más y no soltaba sus manos. Le daba pena resistirse o no quería hacerlo, no lo sé. Ella hablaba y yo sólo miraba sus labios moverse hasta que entendí que alzaba la voz:
¡Omar! mucho calor. La mancha empezó a escurrirse por las paredes.
¡Omar! Insistía, sonaba agitada y me movía los hombros fuertemente.
¡Omar!Nervios, la mancha gotea sobre mí, sigo pegado.
¡Omar! Omar, Omar, Omar, Omar.
¡Contéstame Omar, tu cuarto se está incendiando! no quiero que se vaya.
No quiero que te vayas¿y si la sentara en la silla, y si ella estuviera atrapada conmigo, funcionaría?
La agarré y la senté encima de mí. La abracé. No podía ver su rostro. Tal vez gritaba o tal vez no hacía nada. Pienso que hizo lo primero, pero creo que hizo lo segundo. El fuego empezaba a consumirnos. Para entonces la mancha se había evaporado en una especie de gas, una nebulosa carmesí iluminada por el fuego. La silla estaba consumiéndose también. No sentíamos nada. Me gustan sus ojos. Odio la silla. Mauricio es un pesado. La puta mancha. Igual que su novia. Es muy pequeña pero habla mucho. Canalla Pit. Su voz es muy suave. Una nebulosa carmesí. Creo que la amo. Ángulos. La tengo en mis brazos. No la soltaré. Silla de caoba. Penélope no amó a mi abuelo. Sofía no me ama a mí.











Saludos bistec
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#K-2L | #ED-Teaparty
Gracias de nuevo por tus nuevas estrellitas
M*
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-No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?
-No tengo la menor idea -dijo el Sombrerero.
-Ni yo --dijo la Liebre de Marzo.
Alicia suspiró fastidiada.
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Gracias por poner mi ventanita en tu Journal.
(El iconito de ventanita esa soy yo! )
M*
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-No. Me doy por vencida. ¿Cuál es la solución?
-No tengo la menor idea -dijo el Sombrerero.
-Ni yo --dijo la Liebre de Marzo.
Alicia suspiró fastidiada.
lo hubiera hecho antes
pero no le entiendo mchoo
a deviantt C:
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